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Hermano de la Profeta - Amenaza de Nalgadas

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Esta es una amenaza de nalgadas que estarĂ¡ en mi libro Hermano De La Profeta que estoy escribiendo.

Category: Historical - Rating: G - Genres: Drama - Published: 2018-10-28 - 1053 words

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© 2018 MICHELLE WOODS TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

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Un poco de historia: esta es una amenaza de nalgadas que estará en mi libro El Hermano del Profeta que estoy escribiendo. B'alam Agab (personaje principal) y Qoacutec (su hijo) son indios mayas que viven en Guatemala en el momento de la conquista española. B'alam Agab ha escuchado rumores inquietantes de avistamientos de españoles cerca de la ciudad. Están sin carne, y B'alam Agab tiene que ir a cazar. Por lo general, lleva a sus dos hijos cazando con él, pero su esposa (Choimha) está muy embarazada y el bebe podría venir en cualquier momento y no quiere dejarla solita, especialmente desde que escuchó rumores sobre los españoles. Entonces decide llevar a su hijo mayor (Qoacul - 12 años) a cazar con él, y dejar a su hijo más menor (Qoacutec - 9 años) en casa con su madre. Pero Qoacutec también quiere ir a cazar y está enojado por tener que quedarse en casa con su madre. Es por eso que se está portando mal en este momento, aunque su padre ya le había explicado muy amablemente, que debe quedarse en casa y cuidar a su madre, de modo que si el bebé llega, va a correr rápidamente y traer a la partera.

"¡Macachí! Xó! (¡Cállate!)" Qoacutec le gritó a su hermano, golpeando la mesa con el puño.

"¡Eh!" B'alam Agab chasqueó los dedos para llamarle la atención a su hijo. "Mira, hijo, ¿quieres que te de tus nalgadas?"

"Nooo," Qoacutec le contestó, ya llorando.

“No, ¿qué?” B’alam Agab le espetó.

“No, Tat (Papi/Papá).” Qoacutec frotó lágrimas calientes de enojo de los ojos con el puño. B'alam Agab le miró fijamente y duro por un buen rato.

"Esta tarde, después de la comida, vas a tomar una siesta y esta noche también te vas a ir a la cama bien tempranito. Después de la cena – derechito a la cama. A ver si así arreglamos esta manera en que te estás portando, hijo," B'alam Agab le dijo.

"¡Ugh! ¡Nooo, Tat! ¡Eso sólo es para bebés chiquitos y abuelos viejitos! " Qoacutec protestó. Dio una patada a la pata de la mesa. Cruzó los brazos sobre el pecho y empezó a llorar, haciendo berrinche.

"¡Eh! A mi no me levantas la voz ni me dices que no. Ven pa'ca," B'alam Agab le ordenó en un tono muy severo. Entonces Qoacutec se le acercó a su padre llorando y arrastrando los pies. Cuando se le acercó, B'alam Agab estiró la mano y le agarró por el brazo y le arrastró hacia a él.

"¡Ay! ¡ Ay ¡ Ay! ¡Tat, suéltame, por favor! ¡Me está lastimando!" Qoacutec gimeó. Trató de zafarse y quitarse los dedos de su padre del brazo. Pero B'alam Agab solo le apretó el agarre aún más fuerte. "¡Ay! ¡ Ay! ¡ Ay!"

"Y te va a doler aún más si no te quedas quieto y me escuchas," B'alam Agab le dijo. Qoacutec dejó de moverse, pero todavía siguió agarrando los dedos de su padre. "Primero de todo, me bajas el tonito, o te lo bajo yo con mi mano en tu trasero." Las orejas y cara de Qoacutec empezaron a arder con vergüenza. "Y si otra vez atrevas a levantarme la voz o decirme que no, pobre de ti. Yo soy tu padre y a mi me respetas y me obedeces. ¿Está claro?"

"Sííí, Tat."

"¿Quieres gritar, eh? Pues, síguele y yo te daré los verdaderos motivos de gritar y llorar los dos, eh, pero con ganas," B'alam Agab añadió. "Segunda cosa, des otro golpe o patada a esa mesa o si vuelves a levantar la voz a otra persona o decir otra persona que se callen, las cosas te van a ir muy mal de veras, y vas a ser un niñito muy triste y arrepentido paradito allí en el rincón con escozor en el trasero. ¿Me entiendes?"

"Sííí, Tat."

"Ahora sí, más te vale que me escuchas muy, pero muy bien, a lo que te estoy diciendo, Qoacutec B'alam Agab Nihaib Canek," le dijo su padre, llamandole por su nombre completo, "Ya estoy a punto ahorita de llevarte afuera y darte tus nalgadas. Y si tengo que llevarte afuera y darte tus nalgadas, ya sabes lo que va a pasar, eh." Qoacutec miraba en silencio a los ojos de su padre. "Si yo tengo que llevarte afuera y darte tus nalgadas, hijo, te voy a dar unas buenas nalgadas, y de veras te digo, que vas a desear sinceramente que nunca jamás te habías portado mal," B'alam Agab le dijo. "¿Me entiendes?"

"Sííí, Tat."

"A poco quieres que eso suceda, hijo."

"Nooo, Tat."

"¿Ah, no?¿Pues entonces? Córta el berrinche pero ya. Siéntate derecho en aquella banco, ponte callado, y cómete la comida. Ya te lo he dicho dos veces y si te lo tengo que repetir sólo una vez más, hijo, voy a llevarte afuera y darte unas buenas nalgadas así como acabé de decirte. No sé que más claro lo puedo dejar. ¿Así me has entendido, hijo?"

"Sííí, Tat."

"Más te vale." B'alam Agab le soltó el brazo y Qoacutec volvió a su asiento, llorando y frotándose el brazo donde B'alam Agab había dejado las huellas de los dedos. Escondió la cara en los brazos en la mesa, llorando por el regaño fuerte de su padre.

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